La piel normalmente se cuartea porque con el tiempo va perdiendo flexibilidad. El sol, el calor, el aire seco dentro de casa, los aceites del cuerpo y los limpiadores fuertes debilitan el acabado de la superficie y hacen que el material se vuelva quebradizo. Cuando la capa protectora empieza a fallar, esas líneas chiquitas se convierten en grietas visibles muy rápido.
La mejor forma de prevenirlo es ser constante: limpieza suave, usar el acondicionador correcto y reaccionar rápido ante derrames o zonas de mucho roce. Las áreas de más contacto, como los descansabrazos, los bordes del asiento y el volante, necesitan más cuidado que el resto de la superficie.
Si el cuarteado ya empezó, repararlo a tiempo da el mejor resultado visual y por lo general cuesta menos que esperar a que el daño se extienda. Muchas veces las zonas pequeñas se pueden estabilizar y volver a terminar antes de que aparezca un daño estructural más profundo.